PAUTAS DE LOS
CUIDADOS DE LA SALUD DE LAS PERSONAS CON SÍNDROME
DE DOWN
William I. Cohen, Editor Down Syndrome Medical Interest
Group1
Revisión de 1999
Introducción
Las personas con síndrome de Down necesitan
someterse a las mismas exploraciones y normas de atención
sanitaria que cualquier otra persona. Por ejemplo, los
niños con síndrome de Down necesitan las
habituales vacunaciones y los cuidados infantiles recomendados
por las autoridades sanitarias2. Las prácticas
de vacunación evolucionan continuamente, por
lo que hay que asegurarse de que se usan los protocolos
más actualizados3. Del mismo modo, a los adultos
con síndrome de Down hay que explorar su salud
de acuerdo con las prácticas habituales. Sin
embargo, los niños con síndrome de Down
tienen mayor riesgo de presentar ciertas anomalías
congénitas, y tanto los niños como los
adultos pueden desarrollar ciertos problemas médicos
que se dan con mayor frecuencia en las personas con
síndrome de Down. Más adelante vamos a
describir un programa o catálogo de las pruebas
y evaluaciones complementarias que se recomiendan para
los niños y adultos con síndrome de Down.
Pero al seguir estas recomendaciones se deberán
tener en cuenta la experiencia local y los patrones
de referencia. Están basadas en nuestro nivel
actual de conocimientos y habrán de irse actualizando
conforme dispongamos de nueva información. Dentro
de una visión moderna sobre la atención
sanitaria se incluyen las previsiones en el campo de
la educación y del desarrollo, por lo que hemos
incorporado la información y las recomendaciones
específicas para cubrir estas necesidades de
las personas con síndrome de Down.
Estas recomendaciones constituyen un conjunto ponderado
de las aportaciones de muchos expertos clínicos
implicados en la atención de las personas con
síndrome de Down. Reflejan la normativa y las
prácticas actuales de atención sanitaria
en los Estados Unidos. Han sido diseñadas para
una audiencia amplia: profesionales sanitarios que proporcionan
atención primaria como pediatras, médicos
de familia, internistas y genetistas, así como
especialistas, personal de enfermería y otros
profesionales sanitarios afines, como terapeutas físicos
y ocupacionales, logopedas y audiólogos. Además
de dirigirse a los educadores y a quienes imparten la
estimulación precoz, estas pautas están
diseñadas para que los padres y demás
cuidadores las usen en conjunción con los profesionales
que participan en la atención de la persona con
síndrome de Down.
Algunas recomendaciones están claramente respaldadas
por el actual conocimiento científico. Es el
caso de las ofrecidas para detectar la presencia de
anomalías cardíacas congénitas,
que aparecen en alrededor del 50% de los recién
nacidos con síndrome de Down. En otros casos
las recomendaciones no representan más que nuestras
fundadas conjeturas. Al comprobar que en los niños
con síndrome de Down hay un aumento de disfunción
tiroidea, recomendamos que se sigan realizando pruebas
tiroideas cada año por si aparece hipotiroidismo.
Pero no tenemos certeza sobre cuál debe ser la
periodicidad más apropiada de este análisis,
ni sobre su naturaleza: con qué frecuencia y
cuál es el análisis más adecuado.
Tanto esta cuestión como otras más se
irán aclarando cuando se termine el desarrollo
previsto de una base de datos clínicos a gran
escala. En consecuencia, los miembros del DSMIG van
a abordar un estudio prospectivo sobre la exploración
de la función tiroidea, para poder responder
mejor a esta cuestión.
Asegúrese de utilizar las curvas de crecimiento
específicas para el síndrome de Down,
además de las habituales, para comprobar la talla
y peso (desde el nacimiento hasta los 18 años)
y la circunferencia de la cabeza (desde el nacimiento
hasta los 36 meses)4. Si un niño se encuentra
por debajo del tercer percentil, o sus valores se encuentran
fuera de los percentiles previstos, considere la posibilidad
de que haya una cardiopatía congénita,
o trastornos endocrinológicos (tiroideos o hipofisarios),
o factores nutritivos. Puesto que los niños con
síndrome de Down tienden a desarrollar sobrepeso,
use siempre las relaciones "peso-talla" sobre
las curvas de crecimiento de los niños con desarrollo
normal; eso le dará un cuadro más realista
de lo apropiado que sea el peso del niño.
Nota. Inmediatamente después de las recomendaciones
en función de la edad, presentamos unas explicaciones
sobre las recomendaciones médicas específicas,
damos información descriptiva sobre otras áreas
de interés para aquellas personas que estén
interesadas en las necesidades de las personas con síndrome
de Down, y presentamos una lista bibliográfica
actualizada.
Una nota aclaratoria
Estas "Pautas de Atención Sanitaria"
son la continuación de la serie iniciada en 1981
por la Dra. Mary Coleman, y publicada en Down Syndrome
Papers and Abstracts for Professionals (DSPAP), predecesor
del Down Syndrome Quarterly. La versión de 1992
fue preparada por los miembros de Ohio/Western PA Down
Syndrome Network y publicada en DSPAP (1992, 15(3),
1-9), y estuvo basada en la versión de 1989 preparada
por la Dra. Nancy Roizen, de la Universidad de Chicago.
La versión de 1996 (Revista Síndrome de
Down, 1996;13:104-114) fue la primera elaborada por
el Down Syndrome Medical Interest Group (DSMIG).
En julio de 1994, el Comité de Genética
de la Academia Americana de Pediatría publicó
las "Pautas sanitarias para niños con síndrome
de Down"5. Los miembros del DSMIG han tenido la
fortuna de trabajar junto con este Comité durante
la reciente revisión de sus "Pautas de Salud",
con objeto de coordinar estos esfuerzos y de eliminar
diferencias e incongruencias. Por tanto, la presente
revisión refleja el protocolo compartido de exploración
y análisis, que el Comité publicará
a su vez en la revista Pediatrics a comienzos del año
2000. El editor desea expresar su agradecimiento a las
Dras. Marilyn Bull y Nancy Roizen por su trabajo de
enlace con el Comité, y al Dr. Franklin Desposito,
presidente del Comité, y al Dr. Tracy Trotter
y otros miembros de ese Comité por su apoyo sustancial
en este esfuerzo compartido. La preparación de
esta revisión ha sido un esfuerzo realizado en
cooperación. El editor se siente muy afortunado
por haber dispuesto de la pericia de varios otros miembros
del DSMIG6.
Esta es una de las muchas recopilaciones similares
que existen. En la Bibliografía, Sección
C, aparece un listado de otros protocolos.
Una nota sobre listados
Hemos preparado estas "Pautas de los cuidados
de salud" con el objetivo de profundizar y ampliar
en el tema de la promoción de la salud de las
personas con síndrome de Down. Confiamos en que
esto sirva de referencia para las familias, los educadores,
las instituciones, y, por supuesto, los que proporcionan
la atención sanitaria. No obstante, somos conscientes
de lo fácil y simple que resulta el utilizar
un resumen de estas pautas en el formato gráfico
de una página. Puede colocarse este resumen al
comienzo de la carpeta con el historial médico
de la familia, o igualmente, al comienzo de la historia
clínica para una consulta rápida. Varios
miembros del DSMIG han elaborado este tipo de impresos.
En 1989, el Dr. Allen Crocker preparó un "reloj
sanitario" para personas con síndrome de
Down, que fue reimpreso en el capítulo del Dr.
W. Carl Cooley en Medical and Surgical Care for Children
with Down Syndrome (D.C. Van Dyke et al., Eds). La versión
actual de "Healthwatch for the Person with Down
Syndrome" está disponible en el World Wide
Web: www.members.carol.net/~ndsc/hw_table.html Hemos
incorporado a este documento un listado adaptado del
documento del Dr. David Smith que se usa en la Clínica
Síndrome de Down de Wisconsin en Milwaukee. (Véase
Apéndice I). El Dr. Brian Chicoine ha preparado
abundante material para proporcionar atención
sanitaria a los adultos con síndrome de Down,
con cuestionarios sobre el historial médico,
revisión de listados por sistemas, listado de
exploraciones y análisis, etc. Pueden obtenerse
en el Adult Down Syndrome Clinic, Lutheran General Hospital,
Park Ridge, IL. (tel. 847-795-2303).
Lo que es nuevo en 1999
Añadir exploraciones de tiroides a los 6 meses
de edad
Evaluar la audición en el momento del nacimiento
y cada 6 meses en adelante hasta los 3 años.
Evaluar la visión a los 6 meses de edad y después
cada año.
Explorar la enfermedad celíaca entre los 2 y
3 años.
Explorar radiográficamente la inestabilidad atlantoaxoidea
una vez entre los 3 y 5 años, y después
si lo necesita para Special Olympics.
PAUTAS DE LOS CUIDADOS DE LA
SALUD DE LAS PERSONAS CON SÍNDROME DE DOWN
Revisión de 1999
William I. Cohen, Editor Down Syndrome Medical Interest
Group1
LAS PAUTAS DE LOS CUIDADOS
SANITARIOS
Período neonatal
(desde el nacimiento al primer mes)
Historia: Revisar las preocupaciones
de los padres. ÀHubo diagnóstico prenatal
de síndrome de Down? Si hay vómitos o
no hay defecación, explorar si hay bloqueo del
tracto gastrointestinal (atresia duodenal o enfermedad
de Hirschsprung). Revisar la historia de la lactancia
para asegurar una adecuada ingesta calórica.
ÀExisten problemas de audición o de visión?
Enterarse acerca del apoyo a la familia.
Exploración: Prestar especial
atención a la exploración cardíaca,
cataratas (referir inmediatamente a un oftalmólogo
si no se ve el reflejo al rojo), otitis media, valoración
subjetiva de la audición, y fontanelas (una fontanela
posterior muy abierta puede indicar hipotiroidismo).
Examinar plétora, trombocitopenia.
Laboratorio y consultas: cariotipo
cromosómico; consejo genético; hematocrito
o hemograma completo para investigar plétora
(policitemia) o trombocitopenia (posibles trastornos
mieloproliferativos); pruebas de función tiroidea
según los resultados del análisis metabólico
obligatorio; exploración por parte de un cardiólogo
pediatra, incluida la ecocardiografía (incluso
en ausencia de soplos); insistir en la necesidad de
realizar la profilaxis de la endocarditis bacteriana
subaguda (EBS) en niños susceptibles con cardiopatía;
enviar a hacer potenciales auditivos del tronco cerebral
(ABR) o estudios de emisión otoacústica
(OAE) al nacimiento o dentro de los primeros tres meses,
para evaluar la audición sensoneural congénita.
Hacer evaluación pediátrica oftalmológica
a los 6 meses, o inmediatamente si existe alguna indicación
de estrabismo, nistagmo o visión pobre. Si se
aprecian problemas de alimentación, consúltese
con un especialista en problemas de alimentación
(terapeuta ocupacional, enfermera).
Desarrollo: Explicar el valor de la
Intervención Temprana e introducir a la familia
en un programa local. En esta fase los padres preguntan
con frecuencia sobre las previsibles capacidades de
su hijo: "ÀPuede decirnos qué grado
tiene?". Ésta es una buena oportunidad para
explicar cómo el desarrollo del niño se
va desplegando poco a poco, la importancia de seguir
un programa de desarrollo, y nuestra esperanza de poder
responder mejor a esa pregunta cuando el niño
alcance los dos años.
Recomendaciones: Si se considera oportuno,
poner en contacto con grupos locales de padres de niños
con síndrome de Down.
Infancia (1 a 12 meses)
Historia: Atender las preocupaciones
de los padres. Preguntar sobre las infecciones respiratorias
(especialmente otitis media); en caso de estreñimiento,
utilícese un tratamiento agresivo a base de dieta,
y considérese la posibilidad de enfermedad de
Hirschsprung si el niño no responde a los cambios
de dieta y a los agentes reblandecedores de las heces.
Recordar a los padres que tengan en cuenta los problemas
de audición y visión.
Exploración: Examen general
neurológico, neuromotor y musculoesquelético.
Se deben visualizar los tímpanos o pedir consulta
con un otorrinolaringólogo (ORL), especialmente
si se sospecha la existencia de otitis media.
Laboratorio y consultas: Evaluación
por parte de un cardiólogo infantil, incluido
el ecocardiograma si no se hizo en el período
de recién nacido. Se debe recordar que a esta
edad puede progresar una hipertensión pulmonar
en pacientes con síndrome de Down que tengan
comunicaciones interventriculares o auriculoventriculares,
aunque no muestren signos de insuficiencia cardíaca,
o sean ligeros. Explorar potenciales evocados auditivos
si no se hizo anteriormente o si existieron dudas sobre
los realizados previamente. Valoración oftalmológica
a los 6 meses (o antes si hay nistagmo, estrabismo o
signos de mala visión); pruebas de función
tiroidea (TSH y T4) a los 6 y 12 meses de edad. Consultar
con un ORL si hay otitis media de repetición.
Desarrollo: Explicar la intervención
temprana e introducirlos en un programa si no se hizo
anteriormente. Esto exige por lo general una evaluación
del estado físico y de la terapia ocupacional,
así como del desarrollo.
Recomendaciones: Considerar las posibilidades
de solicitar ayudas oficiales de carácter social;
mantener el apoyo a la familia; continuar la profilaxis
de EBS en niños con cardiopatías.
Niñez (de 1 a
12 años)
Historia: Considerar las preocupaciones
de los padres; revisar el nivel actual de funcionamiento;
revisar la programación (intervención
temprana, preescolar, escolar); problemas de audición;
problemas de sueño (los ronquidos o el sueño
inquieto pueden indicar apnea obstructiva del sueño);
el estreñimiento; revisar las pruebas audiológicas
y las de función tiroidea; revisar la atención
oftalmológica y dentaria. Vigilar problemas de
conducta.
Examen: Pediátrico general
y neurológico, incluida la evaluación
de signos de compresión de médula espinal:
reflejos tendinosos, signo de Babinski. Incluir un breve
examen de la vulva en las niñas. Utilizar las
curvas de crecimiento de síndrome de Down, así
como las de niños con desarrollo normal. Asegurarse
de relacionar la altura con el peso en estas últimas.
Laboratorio y consultas: Ecocardiograma
si no se hizo anteriormente; pruebas de función
tiroidea cada año (TSH y T4); pruebas conductuales
de audición cada 6 meses hasta los 3 años,
y después cada año. Seguir con las exploraciones
regulares de ojos cada año si son normales, o
más frecuentemente si están indicadas.
Entre los 3 y los 5 años, radiografía
lateral de columna cervical en posición neutra,
en flexión y en extensión para descartar
la inestabilidad atlantoaxoidea: el radiólogo
ha de medir la distancia entre la apófisis odontoides
y el atlas, así como la anchura del canal raquídeo.
La radiografía ha de hacerse en una institución
con experiencia en su toma y lectura. A los dos años
hacer una evaluación del desarrollo dentario,
y seguirlo cada seis meses. A los 2-3 años, analizar
la posibilidad de enfermedad celíaca midiendo
niveles de anticuerpos IgA antiendomisio e IgA totales.
Administrar la vacuna neumocócica a los 2 años.
Desarrollo: Introducir al niño
en un programa apropiado de desarrollo o de educación,
y someterlo a una evaluación anual por parte
de los órganos competentes. Se recomienda vivamente
que sea explorado y evaluado por un logopeda para conseguir
el máximo desarrollo del lenguaje y de la comunicación
verbal. Si el niño presenta déficit importante
en su comunicación, puede ser candidato para
someterse a sistemas que aumenten su comunicabilidad.
Recomendaciones: Limpieza de boca
dos veces al día. La ingesta calórica
total debe ser inferior a la que se recomienda para
niños de igual edad y talla. Controlar la dieta
equilibrada y rica en fibra. Iniciar tempranamente ejercicios
de forma regular y programas recreativos. Mantener la
terapia de lenguaje y la física si son necesarias.
Mantener la profilaxis de EBS si hay cardiopatías.
Vigilar las necesidades que la familia pueda tener en
relación con programas de descanso, de apoyo,
etc. Insistir en la importancia de que los niños
adquieran las habilidades de cuidado de sí mismos
(aseo personal, vestirse, manejo de dinero).
Adolescencia (12 a 18
años)
Historia: Revisar el historial médico,
preguntando específicamente sobre la posibilidad
de obstrucción respiratoria y apnea del sueño;
comprobar el funcionamiento sensorial (visión
y audición); valorar problemas de conducta; abordar
los temas sobre la sexualidad.
Exámenes: Examen físico
general y neurológico (con referencia a posible
dislocación atlantoaxoidea). Vigilar la obesidad
relacionando talla y peso. Examen pélvico sólo
si hay actividad sexual. Realizar una cuidadosa exploración
cardíaca en los adolescentes, mirando en especial
a la posibilidad de enfermedad valvular.
Laboratorio y consultas: Pruebas de
función tiroidea (TSH y T4) cada año.
Evaluación de la visión y la audición
cada año. Repetir la radiología de la
columna cervical si se solicita para participar en Special
Olympics. Ecocardiograma si hay datos exploratorios
de enfermedad valvular. Consultar con un médico
experto en medicina del adolescente o con un ginecólogo
experimentado en trabajar con individuos con necesidades
especiales, con el fin de tratar temas relacionados
con la sexualidad y/o para realizar exploraciones pélvicas
en la adolescente con actividad sexual. Exámenes
dentarios cada dos años.
Desarrollo: Repetir cada año
una evaluación psicoeducativa como parte del
plan de educación individualizada. Vigilar el
funcionamiento independiente. Seguir con la terapia
del lenguaje si es preciso. Educación sanitaria
y sexual, incluido el asesoramiento relacionado con
la prevención del abuso. Educación sobre
el uso de tabaco, drogas y alcohol.
Recomendaciones: Iniciar la planificación
de una transición funcional (a los 16 años).
Seguir con la profilaxis de endocarditis en pacientes
con cardiopatía. Continuar con las recomendaciones
sobre alimentación y ejercicio. Actualizar los
temas legales y de custodia. Fomentar los programas
sociales y recreativos con los amigos. Considerar los
temas relacionados con la mayoría de edad (participación
en el voto y otros temas legales). Comentar sobre los
planes relacionados con el modo de vivir a largo plazo
(vida en familia u otros sistemas, según posibilidades).
Insistir en la importancia de adquirir y utilizar las
habilidades para el cuidado de sí mismo (aseo,
vestido, uso del dinero).
Adultos (de 18 años
en adelante)
Historia: Revisar el historial médico.
Preguntar sobre síntomas de apnea del sueño.
Mirar si hay pérdida de independencia en los
hábitos de vida diaria, o cambios de conducta,
o problemas de salud mental. Valorar síntomas
de una posible demencia: (declive funcional, pérdida
de memoria, ataxia, convulsiones, incontinencia de orina
o de heces).
Examen: Examen físico general
y neurológico (teniendo en cuenta los síntomas
de dislocación atlantoaxoidea). Vigilar la obesidad
relacionando peso y talla. Exploración cardíaca:
auscultar posibles signos de prolapso mitral y regurgitación
aórtica: si hay sospecha, confirmar con ecocardiograma.
Las mujeres con actividad sexual habrán de hacerse
tinciones Pap cada 1 a 3 años a partir del primer
coito. En las que no tengan actividad sexual, examen
bimanual. Si no es posible hacerlo, habrá de
recurrirse al examen ecográfico pélvico
cada 2-3 años. Puede ser necesario recurrir a
un médico especialista en medicina de adolescentes
o un ginecólogo familiarizado con las personas
con necesidades especiales. Examen anual de mamas.
Laboratorio y consultas: Análisis
anual de función tiroidea (TSH y T4). Exploración
oftalmológica cada dos años (mirando especialmente
el keratoconus y las cataratas). Continuar con la exploración
auditiva cada dos años. Repetir la radiología
de columna cervical si se participa en Special Olympics.
En relación con la mamografía hay dos
sugerencias distintas. El Dr. Heaton recomienda hacerla
anualmente a partir de los 50 años, o a partir
de los 40 si es pariente de primer grado de mujer con
cáncer de mama. El Dr. Chicoine sugiere una mamografía
cada dos años a partir de los 40, y anualmente
a partir de los 50. Continuar con la visita al dentista,
dos veces al año. Si se aprecian cambios emocionales
o de conducta, consultar con especialistas en salud
mental.
Desarrollo: Continuar con terapia
del lenguaje según lo indicado. En personas con
escasa capacidad expresiva, consúltese la posibilidad
de utilizar otros métodos que amplíen
la comunicación. Comentar sobre planes que amplíen
los programas y las oportunidades laborales a los 21
años, o cuando se termine el período escolar.
Téngase en cuenta que el envejecimiento acelerado
puede afectar las capacidades funcionales de los adultos
con síndrome de Down en mayor grado que la enfermedad
de Alzheimer.
Recomendaciones: Hablar sobre sistemas
de vivienda diferente de la familiar, de acuerdo con
las posibilidades existentes. Profilaxis de la endocarditis
en las personas con cardiopatía congénita.
Seguir las recomendaciones de alimentación y
ejercicio ya indicadas. Actualizar los planes de pensiones
y custodia. Fomentar los programas sociales y recreativos
con los amigos. Cumplir y atender las obligaciones propias
de la mayoría de edad (derecho a voto, etc.).
Insistir en la importancia de mantener la capacidad
de cuidarse de uno mismo (aseo, vestido, manejo de dinero).
Amparar en situaciones de tristeza por las que una persona
con síndrome de Down pueda pasar con motivo de
la pérdida de un ser querido (por muerte, o porque
un hermano se casa y cambia de hogar, o se va a estudiar
a otro lugar, etc.).
PAUTAS DE LOS CUIDADOS DE LA
SALUD DE LAS PERSONAS CON SÍNDROME DE DOWN
Revisión de 1999
William I. Cohen, Editor Down Syndrome Medical Interest
Group1
EXPLICACIONES DE LAS
RECOMENDACIONES PRESCRITAS E INFORMACION IMPORTANTE
PARA UNA BUENA ATENCION SANITARIA
Corazón
La cardiopatía congénita aparece en
el 30-60% de los recién nacidos con síndrome
de Down. Los más frecuentes son los defectos
de formación del septo interventricular y del
aurículoventricular. Puede haber un defecto cardíaco
grave en ausencia de soplos porque los niños
con síndrome de Down tienden a desarrollar en
mayor grado un incremento prematuro de resistencia vascular
pulmonar, lo que reduce el shunt intracardíaco
de izquierda a derecha, minimiza el soplo cardíaco,
e impide la aparición de síntomas de insuficiencia
cardíaca y de problemas respiratorios. Los niños
con síndrome de Down que tienen un defecto cardíaco
importante y que parecen progresar bien clínicamente
o incluso mejorar, especialmente durante los primeros
8 meses de vida, pueden estar desarrollando serios cambios
en los vasos pulmonares. Para evitar graves complicaciones
puede ser necesaria la cirugía a su debido tiempo,
frecuentemente durante los primeros 6 meses de vida.
En consecuencia, todos los niños han de ser examinados
por un cardiólogo infantil, a poder ser antes
de los tres primeros meses de vida, incluyendo el análisis
ecocardiográfico. En algunos centros de atención
terciaria, es satisfactorio el ecocardiograma solo,
que será evaluado por el cardiólogo infantil.
Pero si esto no es posible, será obligado que
un pediatra cardiólogo practique una exploración
completa. Para un niño mayor al que nunca se
le haya evaluado su función cardíaca y
no tenga signos de insuficiencia cardíaca, se
recomienda practicar un ecocardiograma. Los adolescentes
y jóvenes adultos a los que no se les reconozca
una enfermedad cardíaca pueden desarrollar disfunción
valvular, por lo que se recomienda explorarles clínicamente
a los 18 años, especialmente antes de practicarles
intervenciones dentarias o quirúrgicas. (V. Bibliografía,
Sección G, Geggel et al.). La incidencia de prolapso
de la válvula mitral es del 58%, y la de regurgitación
aórtica de casi el 10%. La detección de
un soplo ha de ir seguida de ecocardiograma. Los individuos
susceptibles deberán recibir profilaxis de endocarditis.
Cuidados dentarios
Los rasgos orofaciales de las personas con síndrome
de Down contribuyen a que existan diversos problemas
potenciales relacionados con los cuidados dentarios.
Por ejemplo, la erupción de los dientes está
por lo general retrasada y aparece con frecuencia de
modo inusual. Pueden faltar algunos dientes, tanto de
leche como definitivos. Algunos son pequeños,
o de formas raras, y puede haber una grave confluencia
de dientes debido a la pequeñez de la cavidad
oral. Puede ser necesario el tratamiento de ortodoncia.
El respirar por la boca, como consecuencia de la pequeñez
de las fosas nasales, contribuye a que aparezcan fisuras
en la lengua y labios. Puede adelantarse la enfermedad
periodontal a la adolescencia. La limpieza rutinaria
y las visitas al dentista cada seis meses contribuyen
decisivamente a prevenir la pérdida de dientes.
ORL/Audiología
La pérdida auditiva en las personas con síndrome
de Down es un área importante de preocupación.
Los recién nacidos y los niños pueden
tener una pérdida sensorioneural, una pérdida
de conducción (por infecciones del oído
medio), o ambas a la vez. A todos los niños con
síndrome de Down se les debe explorar la audición
de modo objetivo dentro de los primeros tres meses de
vida, si es posible. El método más común
y extendido es la medición de las respuestas
auditivas en el tronco cerebral, lo que se conoce como
respuesta evocada auditiva del tronco cerebral (potenciales
evocados). Existen dos métodos exploratorios,
uno en la cuna del recién nacido, y otro la prueba
de emisión evocada oto-acústica. La típica
respuesta conductual audiológica requiere una
edad de desarrollo de unos 7-8 meses. Por eso todos
los niños con síndrome de Down necesitan
un método objetivo de medida cuando se les explora
dentro de los primeros 12 meses. Después puede
ser ya apropiada la audiología de carácter
conductual. La mayoría de los niños con
síndrome de Down tienen conductos auditivos muy
pequeños, lo que dificulta su examen adecuado
con los instrumentos ordinarios de una consulta pediátrica
general. Por eso puede ser necesario solicitar la consulta
de un especialista ORL para que visualice el tímpano
mediante microscopio otoscópico. El especialista
ORL debe valorar a todos los niños que tengan
pruebas de audición o timpanograma anormales,
con el fin de tratar agresivamente las causas de pérdida
auditiva susceptibles de tratamiento (mediante antibióticos,
o tubos de timpanostomía si están indicados).
Se puede acumular líquido en fases tan tempranas
como el período neonatal, y los cuidados otológicos
agresivos pueden minimizar las consecuencias que tiene
una mala audición sobre el desarrollo del lenguaje.
Las personas con síndrome de Down pueden empezar
a desarrollar pérdidas de audición durante
su segunda década. Si no se las detecta, pueden
originar síntomas de conducta que podrían
ser mal interpretados como trastorno psiquiátrico.
ORL
La hipoplasia facial media, tan característica
de las personas con síndrome de Down, hace que
aumente la dificultad propia de unas vías respiratorias
estrechas. La estrechez de las ventanas de la nariz
es causa de que la respiración del bebé
resulte ruidosa y la estrecha apertura de los senos
paranasales predispone a que los niños tengan
frecuentes sinusitis/nasofaringitis. Estas infecciones
que se manifiestan en forma de moco purulento tienen
que tratarse de manera agresiva. La estrechez de la
tráquea puede originar un croup recurrente. Además,
los bebés con síndrome de Down tienen
mayor probabilidad de presentar traqueomalacia (colapso
parcial de la tráquea).
Se considera que la enfermedad obstructiva de las vías
respiratorias es un problema importante de los niños
y adultos con síndrome de Down. Son síntomas
el ronquido, las posiciones extrañas durante
el sueño (sentado, o dobladas las caderas con
la cabeza sobre las rodillas), la facilidad para la
fatiga durante el día, la reaparición
de la siesta en niños mayores, o modificaciones
en la conducta. Las personas que presenten estos síntomas
deberán ser exploradas de forma completa mediante
una historia detallada (buscando de manera específica
los datos sobre apnea del sueño), exploración
física de las amígdalas, y consulta rápida
al médico ORL para una evaluación más
completa (p. ej., valoración del tamaño
de adenoides). En un cierto número de niños,
la hipotonía y el colapso de las vías
respiratorias superiores provocan síntomas similares
obstructivos sin que sean debidos a la presencia de
tejido linfoide. Puede ser necesaria una intervención
quirúrgica para evitar la hipoxemia y desarrollo
posible de cor pulmonale (insuficiencia cardíaca
derecha). Si los problemas no tienen corrección
quirúrgica, puede estar indicada la oxigenoterapia
con presión.
Un estudio reciente de israel indica que los niños
con síndrome de Down presentan una fragmentación
importante del sueño, con despertares frecuentes,
que no guardan relación con el síndrome
de apnea obstructiva del sueño. (Véase
Bibliografía, Sección K, Levanon et al.).
En dos estudios se indica la importancia de mantener
a los niños con síndrome de Down en el
hospital durante la noche siguiente a la tonsilectomía
y adenoidectomía, porque hay una mayor incidencia
de infecciones respiratorias. (Véase Bibliografía,
Sección K, Bower et al., y Goldstein et al.).
Endocrinología
La incidencia de enfermedad tiroidea está claramente
aumentada en las personas con síndrome de Down
a cualquier edad. Tanto para el crecimiento como para
el funcionamiento cognitivo se necesitan niveles normales
de hormona tiroidea. Los signos de hipotiroidismo pueden
ser débiles en las personas con síndrome
de Down e incluso ser atribuidos al propio síndrome.
Por tanto, se recomienda la evaluación anual
de los niveles de TSH y T4. Puesto que son frecuentes
las situaciones de autoinmunidad en las personas con
síndrome de Down, en la exploración de
un hipotiroidismo sospechoso en un niño en edad
escolar habrá que incorporar también los
anticuerpos antitiroideos para detectar una tiroiditis.
Algunos niños presentan una condición
que se conoce como hipertirotropinemia idiopática,
con una TSH en el límite de la anormalidad y
T4 normal. Esto puede ser reflejo de un defecto de la
neurorregulación de la TSH, la cual, cuando se
estudia en muestras de 24 horas, oscila entre valores
normales y muy altos. Por ello, algunos centros recomiendan
repetir la TSH y T4 cada 6 meses, omitiendo el tratamiento
a menos que la T4 esté baja. También aparece
hipertiroidismo de tipo inmunitario en niños
y adultos con síndrome de Down. Los niveles de
TSH de alta sensibilidad pueden estar muy bajos en estos
casos. Además se ve pérdida de peso, síntomas
gastrointestinales e intolerancia al calor.
También se aprecia más frecuentemente
la diabetes mellitus, reconocida como una enfermedad
autoinmmune, en las personas con síndrome de
Down, con una prevalencia que oscila del 1,4 al 10,6%.
(Bibliografía, Sección M, Anwar et al.).
Ha habido cierta discusión sobre la utilización
de hormona del crecimiento humana en niños con
síndrome de Down como respuesta a un informe
que sugería que estos niños presentan
una alteración en la secreción de hormona
de crecimiento. Este tema ha sido abordado por miembros
del DSMIG y publicado en Revista Síndrome de
Down (vol. 13, Número 3, Septiembre 1996, pág.
109), en donde se afirmaba: "De acuerdo con los
datos actuales y hasta que concluyan los estudios científicos
recomendados, el DSMIG no respalda el uso incontrolado
de tratamientos hormonales a los niños con síndrome
de Down, incluido el de la hormona del crecimiento".
En un estudio reciente de Suecia y Australia se muestra
que el tratamiento con hormona del crecimiento "provoca
un aumento normal de la talla pero no afecta la circunfer4encia
de la cabeza ni el desarrollo mental o motor grueso".
(Véase Bibliografía, Sección M,
Anneren et al.).
Lactancia/Nutrición
Los bebés con síndrome de Down pueden
experimentar inicialmente cierta dificultad para coordinar
la succión y la deglución. Pueden necesitar
la ayuda de un especialista en alimentación (enfermera,
terapeuta ocupacional, logopeda) o en lactancia si la
madre está dando el pecho. Más adelante,
los niños pueden tener problemas conforme la
dureza o textura de los alimentos se aumenta. Si la
alimentación provoca fuerte trastorno en la actividad
familiar o termina por requerir el apoyo de dos profesionales,
significa que lo que se necesita es recurrir a un equipo
multidisciplinario de alimentación. (Véase
Bibliografía, Sección N, Medlen). Recuérdese
que hay hasta un 10% de diferencia en las cifras de
metabolismo basal de las personas con síndrome
de Down.
Seguir el % de Peso Corporal Ideal (PCI), calculado
de la siguiente manera: marque la talla del niño
sobre la gráfica de desarrollo para niños
normales, y determine la edad para la cual esta talla
está en el percentil 50. Determine el peso en
el percentil 50 de esta talla. Divida el peso real del
niño por esta cifra de peso que ha hallado en
la gráfica y multiplíquelo por 100. El
objetivo es mantenerse en el 90-100% del PCI. Marque
la gráfica de manera secuencial.
Hematología
La leucemia es más frecuente en los niños
con síndrome de Down que en la población
general; sin embargo es rara. La mayoría de los
casos de leucemia en niños de menos de 3 años
es leucemia no-linfocítica (generalmente, leucemia
mielógena aguda). Los niños con síndrome
de Down responden generalmente de manera muy favorable
al tratamiento ordinario, remitiendo fácilmente.
En el período de recién nacido hay una
incidencia del 10% de trastornos mieloproliferativos
(reacción leucemoide) que en ocasiones terminan
desarrollando una leucemia megacarioblástica
aguda. Se ha observado con frecuencia policitemia, también
en el recién nacido; en alguna serie la cifra
ha llegado a ser del 64% de los niños estudiados.
Enfermedades infecciosas.
Inmunología
A las personas con síndrome de Down que presentan
de manera recurrente serias infecciones respiratorias
y sistémicas se les evalúa con frecuencia
su función imnunológica. Habrá
de considerarse en estas personas la medición
de las diversas subclases de IgG. El nivel de IgG total
puede no mostrar anomalía alguna, aunque haya
disminución en el de las subclases 2 y 4 y aumento
en el de las 1 y 3. Existe una importante correlación
entre el descenso de los niveles de la subclase 4 y
las infecciones bacterianas. No se conoce el mecanismo
pero, entre las posibilidades que se barajan, está
la de que esta subclase desempeñe un papel en
la defensa pulmonar del individuo, o que posiblemente
haya una deficiencia de selenio. En las personas con
síndrome de Down que tengan serias infecciones
bacterianas recurrentes y se demuestre disminución
del nivel de la subclase 4 de IgG, habrá de considerarse
la terapéutica sustitutiva con inmunoglobulina
intravenosa.
Los déficits de inmunidad celular descritos en
las personas con síndrome de Down tienen su máxima
expresión clínica en la gingivitis y en
la enfermedad periodontal.
Los niños con enfermedad crónica cardíaca
y respiratoria han de recibir vacunas contra el neumococo,
virus respiratorio sincitial e influenza.
Ojo. Visión
Las cataratas congénitas son un grave problema
para los bebés con síndrome de Down induciendo
pérdida de visión si no se detectan y
tratan. La ausencia de reflejo al rojo es suficiente
como para consultar de inmediato con el oftalmólogo
pediatra, al igual que el estrabismo y el nistagmo.
Las exploraciones de rutina han de empezar a los 6-12
meses, y continuar realizándolas cada año.
Son frecuentes los errores de refracción y podrán
ser detectados a lo largo de estas exploraciones, así
como otros problemas graves, aunque raros, como el keratocono.
La estenosis de los conductos lacrimales originará
lagrimeo en los niños. Se dan con frecuencia
la blefaritis y conjuntivitis. El keratocono aparece
más frecuentemente en los adolescentes con síndrome
de Down que en el resto de la población.
Trastornos ortopédicos
e inestabilidad atlantoaxial
La laxitud ligamentosa es responsable de diversos
problemas ortopédicos que tienen las personas
con síndrome de Down. Curiosamente, no suele
haber dislocación congénita de la cadera,
aunque la dislocación se aprecia más en
el niño mayor y en el adolescente. La dislocación
crónica de la rótula puede ocasionar problemas
en la marcha en la adolescencia. La inestabilidad atlantoaxial
(IAA) es el término que se usa para describir
el aumento de movilidad o desplazamiento de la columna
cervical al nivel de la primera y segunda vértebras.
Se aprecia en el 14% de las personas con síndrome
de Down, aproximadamente, pero la mayoría son
asintomáticas; aproximadamente el 10% de este
último grupo (o sea el 1% de las personas con
síndrome de Down) presenta síntomas que
se deben a la compresión de la médula
espinal ocasionada por la excesiva movilidad de las
dos vértebras que forman la articulación
atlantoaxoidea. Son síntomas de esta compresión
medular el dolor del cuello, la posición extraña
de la cabeza y cuello (tortícolis), modificaciones
de la marcha, pérdida de fuerza en la mitad superior
del cuerpo, reflejos neurológicos anormales,
alteraciones en la micción o defecación.
Resulta controvertido el rastreo sistemático
radiológico de la IAA en las personas con síndrome
de Down. En una revisión reciente, el Comité
de Medicina Deportiva de la Academia Americana de Pediatría
concluyó que el rastreo radiológico tenía
"un valor potencial pero no probado" para
detectar las personas que corrían riesgo al sufrir
lesiones deportivas. Se recomendaba que se siguiera
un estudio clínico estricto y que se prosiguiera
en el estudio de este tema. Sin embargo, siguen requiriéndose
las exploraciones radiológicas para participar
en Special Olympics y en programas comunitarios de montar
a caballo, de gimnasia, etc.
En el momento actual, el DSMIG recomienda analizar
a las personas con radiografías laterales de
la columna cervical en posiciones neutra, de flexión
y de extensión entre los 3 y 5 años. Debe
medirse el espacio entre el segmento posterior del arco
anterior de Cl y el segmento anterior de la apófisis
odontoides de C2. Las distancias inferiores a 5 mm son
normales; 5 a 7 mm indica inestabilidad, y más
de 7 mm significa franca anomalía. Debe medirse
también la anchura del canal cervical. La interpretación
de estos estudios ha de correr a cargo de un radiólogo
con experiencia en esta área. Las personas a
las que no se les haya practicado esta exploración
pueden necesitarla antes de practicárseles una
intervención quirúrgica, especialmente
si ésta supone manipulación del cuello.
Estos niños habrán de ser manejados con
precaución por parte del personal de anestesia
(maniobras de intubación, etc.). Deberán
repetirse los estudios, si se necesitan, para participar
en Special Oympics.
A los niños en los que la exploración
dé cifras límite o presenten radiografías
anormales se les deberá practicar una exploración
neurológica completa para descartar la compresión
de la médula espinal. Probablemente estén
indicados los estudios de neuroimagen (escáner,
resonancia magnética). Las modificaciones importantes
en el estado neurológico del niño necesitarán
ser evaluadas y quizá tratadas (p. ej., fusión
vertebral). Para los niños que tengan inestabilidad
(5 a 7 mm) pero estén asintomáticos, el
tratamiento será conservador, restringiéndose
sólo las actividades que supongan riesgo de lesión
de la médula espinal. Será mejor evitar
los deportes de contacto (fútbol, rugby, lucha,
boxeo) y actividades deportivas como el trampolín,
gimnasia y el buceo que exige una importante flexión
del cuello. No es necesario restringir todas las actividades.
Ya no recomendamos repetir los rastreos a intervalos
fijos, puesto que no se ha podido confirmar su valor
para prevenir las lesiones. Recomendamos fuertemente
el examen neurológico cuidadoso de la persona
con síndrome de Down, atención inmediata
a los síntomas que indiquen problemas de cuello
o de médula espinal (véase más
arriba), y la vigilancia por parte de los médicos
ORL y los anestesistas en las intervenciones quirúrgicas
que exijan la hiperextensión del cuello.
El editor entiende que el Comité Asesor Médico
de Special Olympics está determinado a clarificar
este tema polémico de la detección y prevención
de las lesiones de la médula espinal. (Para una
reciente revisión del tema, véase Bibliografía,
sección W, Pueschel 1998, Cohen 1998).
Terapia física,
ocupacional
Puesto que los bebés con síndrome de
Down pueden presentar dificultades para mamar desde
el nacimiento, recuérdese que muchos centros
disponen de profesionales que pueden aportar su experiencia
en esta área (terapeutas ocupacionales, logopedas,
especialistas en nutrición infantil). En algunos
centros se recurre a estos especialistas de forma rutinaria
mientras que en otros sólo cuando la evaluación
de la función motora oral así lo requiere.
En general, los servicios de terapia ocupacional están
incorporados en la mayoría de los programas de
intervención precoz para niños, en los
que se trabajan los ejercicios de posturas, alimentación
y fortalecimiento motórico.
Trastornos gastrointestinales
Además de las anomalías congénitas,
como son la atresia duodenal y el ano imperforado, que
se identifican con facilidad, los bebés con síndrome
de Down tienen mayor posibilidad de presentar obstrucción
parcial del tracto gastrointestinal superior, fístula
gastroesofágica, y estenosis pilórica.
Es frecuente el estreñimiento crónico,
y las condiciones graves que exigen diagnóstico
diferencial son el hipotiroidismo y la enfermedad de
Hirschsprung. La falta de expulsión de meconio
en las primeras 24 horas sugiere la posibilidad de enfermedad
de Hirschsprung. El estreñimiento importante
refractario al tratamiento dietético exige una
ulterior investigación con consulta al gastroenterólogo
infantil para que haga nuevos estudios (enema de bario,
biopsia rectal).
El reflujo gastroesofágico aparece en los bebés
con síndrome de Down con la misma frecuencia
que en el resto de la población. Además
de escupir y vomitar, algunos niños pueden tener
síntomas respiratorios como son la tos, el estridor,
el jadeo y la neumonía. El reflujo gastroesofágico
puede formar parte del diagnóstico diferencial
de estas condiciones, debiéndose dar el apropiado
tratamiento.
La enfermedad celíaca aparece en el 7 a 16% de
los niños con síndrome de Down, aunque
la mayoría de estos estudios provienen de fuentes
europeas. Se piensa que las personas con síndrome
de Down están predispuestas a tener esta enfermedad
debido a la mayor incidencia de trastornos autoinmunes
que presentan. La mejor exploración se consigue
analizando los anticuerpos antiendomisio IgA, y si los
resultados son positivos, realizando una biopsia de
las vellosidades. Los síntomas desaparecen generalmente
suprimiendo el gluten de la dieta.
Desarrollo, incluídos habla y lenguaje
Los programas de intervención temprana (para
niños de 0 a 3 años) están diseñados
para vigilar y enriquecer de manera completa el desarrollo,
concentrándose en la alimentación, el
desarrollo motor fino y grueso, el lenguaje y el desarrollo
tanto personal como social. Frecuentemente, las personas
con síndrome de Down comprenden el lenguaje hablado
mejor de lo que ellos son capaces de expresarse verbalmente.
Por consiguiente, a los bebés y los niños
se les puede enseñar el lenguaje usando un abordaje
de comunicación completa, que incorpore tanto
el lenguaje por signos como el hablado. Los signos permiten
que estos niños se comuniquen más eficazmente
en un momento en que sus capacidades para el lenguaje
expresivo pueden impedir el desarrollo de un lenguaje
inteligible. Deberá considerarse la utilización
de estos servicios de logopedia a todo lo largo de la
vida, para maximizar la inteligibilidad. Además,
algunas personas pueden beneficiarse del uso de sistemas
para la mejoría o aumento de la comunicación
(con apoyo de ordenadores). Frecuentemente los niños
con síndrome de Down siguen desarrollando su
lenguaje expresivo verbal conforme llegan a sus años
de adolescencia y adultez. Las buenas habilidades visuales
de las personas con síndrome de Down han facilitado
el desarrollo de programas de lectura que mejoran el
desarrollo del habla y del lenguaje (Véase Bibliografía,
Sección L, Laws et al.). La Profesora Sue Buckley
ha investigado ampliamente esta área. Muchos
trabajos se publican en Down Syndrome Research and Practice.
(Para el lector de habla española, véase
Sección L, Troncoso y del Cerro).
Ginecología
Las mujeres con actividad sexual deben someterse a
examen citológico (una tinción de Pap)
cada 1 a 3 años, a partir del primer coito. Las
que no sean sexualmente activas habrán de someterse
a un examen bimanual monodigital cada 1 a 3 años,
con examen citológico digital. Para las mujeres
que tengan un examen bimanual basal pero rehúsen
seguir haciendo los exámenes bimanuales de anexos
y de útero, o sean incompletos, se recomienda
ecografía pélvica transabdominal cada
1 a 3 años. Mamografía anual a mujeres
mayores de 50 años y, si tienen un pariente en
primer grado con cáncer de mama, empezar a los
40 años (Ver Bibliografía, sección
Q).
Temas de neurodesarrollo
La frecuencia de trastornos epilépticos en
las personas con síndrome de Down es mayor que
la de la población general, pero inferior a la
de las personas con retraso mental debido a otras etiologías.
Los estudios recientes indican una incidencia del 5-10%.
Parece haber una relación entre la edad y la
prevalencia de crisis en el síndrome de Down,
con máximos en la infancia y después en
la cuarta o quinta década. Parece haber también
un pequeño pico en la adolescencia. El tipo más
corriente de crisis que se observa en la infancia es
el de espasmos infantiles, y por lo general se controlan
bien con esteroides y otros antiepilépticos.
Por lo general cursan con buen pronóstico cognitivo,
comparado con el de la población general. Las
crisis tónicoclónicas se ven más
frecuentemente en las personas mayores con síndrome
de Down, y en su mayoría responden bien a la
medicación específica. Se piensa que esta
mayor incidencia de crisis no se debe sólo a
las anomalías del desarrollo cerebral sino que
puede estar también relacionada con los problemas
cardíacos, las infecciones y las irregularidades
de uno o más neurotransmisores.
Trastorno de hiperactividad con déficit
de atención. Se da en las personas con
síndrome de Down en la misma proporción
que en la población general de personas con retraso
mental. En ambas circunstancias, la frecuencia es mayor
que en la población general. En general, los
niños con síndrome de Down responden bien
a la terapéutica con fármacos estimulantes.
No existen datos científicos que indiquen que
estos niños respondan peor a la medicación
que los niños con otras etiologías de
deficiencia mental, los cuales responden muy bien por
lo general.
Trastornos autistas. Parecen prevalecer
más en los niños y adultos con síndrome
de Down. Mientras que la incidencia de autismo en la
población general parece ser del 13 por 10.000,
los datos actuales sugieren que la prevalencia en el
síndrome de Down podría del 5 al 10%.
(Véase Bibliografía, Sección X,
Cohen & Patterson).
Trastornos neuropsiquiátricos,
incluida la enfermedad de Alzheimer
Los cambios de comportamiento y el declive en las capacidades
intelectuales y funcionales lleva por lo general a los
cuidadores de las personas con síndrome de Down
a considerar la posibilidad de que se instaure un trastorno
psiquiátrico. Una vez excluidas las razones médicas
como causantes de este comportamiento, la persona deberá
ser examinada y valorada por un médico experto
en evaluar a las personas que tienen retraso mental
y trastorno psiquiátrico. Existen limitaciones
potenciales a la hora de diagnosticar un trastorno psiquiátrico
en las personas con síndrome de Down. Los individuos
con retraso mental moderado o profundo son por lo general
incapaces de describir con precisión sus pensamientos
y percepciones. Sin embargo, los que tienen retraso
ligero pueden ser capaces de responder fielmente a las
preguntas sobre sus sentimientos, percepciones y pensamientos.
Esta sección se centrará en los trastornos
de tipo afectivo, trastornos de adaptación, demencia
(incluida la enfermedad de Alzheimer), trastornos de
ansiedad y conducta compulsiva. El trastorno de hiperactividad
y el autismo han sido comentados en la sección
precedente.
Los síntomas con que se presentan estos trastornos
pueden ser uno o más de los siguientes: negligencia
en el cuidado de sí mismos, pérdida de
las habilidades de la vida diaria, pérdida de
las habilidades verbales, pérdida de las habilidades
sociales y laborales, aislamiento, enlentecimiento de
la actividad, rasgos paranoides, aumento de las conversaciones
consigo mismos, conducta agresiva, auto-abuso, modificaciones
en el patrón de sueño, cambios de peso,
olvidos persistentes (Véase Bibliografía,
Sección B, Chicoine et al., p. 103).
El principal diagnóstico diferencial que se
debe hacer es entre trastorno depresivo y enfermedad
de Alzheimer (demencia). La demencia es un síndrome
neuropsiquiátrico de pérdida de memoria
que impide incorporar la nueva información, y
se caracteriza por un declive en la capacidad intelectual
que deteriora las funciones sociales y laborales. La
enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurológico
que se expresa como una forma progresiva de demencia,
y se acompaña de ciertas modificaciones características
en la estructura del cerebro. Termina en una incapacidad
total para cuidarse de sí mismo, hasta llegar
a la muerte. Es preciso conseguir de los cuidadores
de las personas con síndrome de Down una historia
clínica muy esmerada, en busca de datos sobre
condiciones que sean potencialmente reversibles, como
es el caso de la depresión.
Ha existido un gran interés por la asociación
de enfermedad de Alzheimer con el síndrome de
Down por dos razones principales. En primer lugar, el
estudio anatomopatológico de los cerebros de
las personas con síndrome de Down revela la presencia
de las lesiones características neuropatológicas
en forma de placas y acúmulos neurofibrilares.
Tales lesiones se aprecian en individuos relativamente
jóvenes sin signos ni síntomas de enfermedad
de Alzheimer. En segundo lugar, el cromosoma 21 contiene
el gen de la proteína precursora de amiloide
(APP), y la sustancia amiloide contribuye a que se desarrollen
estas lesiones en los cerebros de las personas con enfermedad
de Alzheimer. El síndrome de Down va asociado
con otros signos de envejecimiento precoz, y consiguientemente,
estos factores, en conjunción con el declive
funcional de las personas con síndrome de Down,
sugerían que éste es un problema muy corriente.
Por ejemplo, Zigman et al. advierten con razón
que "los criterios neuropatológicos para
el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer
no se correlacionan bien con la expresión clínica
de los síntomas". El grupo de Prasher, que
está realizando un estudio longitudinal, indicó
que "el declive relacionado con la edad en las
habilidades adaptativas no debe ser considerado como
enfermedad de Alzheimer". Si los individuos gozan
de buena salud física, por lo general no se aprecia
declive alguno. Esto ciertamente confirma la experiencia
de Chicoine y McGuire. De 443 adultos examinados en
su Clínica, 148 mostraron un declive de su función.
Y sólo 11 de los 148 cumplieron los criterios
de declive progresivo e irreversible y de deterioro
como para ser diagnosticados con la demencia tipo Alzheimer;
es decir, un 2,5% de un total de 443 pacientes. (Véase
Bibliografía, Sección X).
Los signos de depresión en la población
general consisten por lo general en un estado de tristeza,
irritabilidad, junto con trastornos del apetito, del
sueño, de la propia energía, con pérdida
de interés por actividades que antes se consideraban
alegres. En las personas con síndrome de Down
es más posible que la depresión se presente
como una pérdida de habilidades y de memoria,
importante enlentecimiento de la actividad, conversación
consigo mismas de tipo alucinatorio y aislamiento más
pronunciado (rasgos psicóticos). Las personas
con síndrome de Down suelen desarrollar trastornos
depresivos como reacción a las pérdidas:
la muerte de un familiar, cambios del compañero
de habitación, ausencia de un cuidador en su
vivienda, etc.
En general, la presentación de la mayoría
de los trastornos psiquiátricos tiende a ser
más complicada, lo que hace más difícil
el diagnóstico. Por ejemplo, un trastorno de
ansiedad puede manifestarse en forma de conducta autoagresiva
o hiperactividad. Los trastornos de adaptación
a situaciones estresantes (estresores) pueden mostrar
igualmente síntomas más graves o dramáticos,
como la autolesión, inversión en el patrón
de sueño, y anorexia.
La esquizofrenia y los trastornos psicóticos
son muy poco frecuentes en las personas con síndrome
de Down, a pesar de que se emplee abundantemente la
medicación antipsicótica.
La conversación consigo mismos es frecuente
y por lo general adecuada a su nivel de desarrollo,
dados los niveles cognitivos que suelen tener estas
personas. Aunque las obsesiones son raras, las conductas
compulsivas se ven con mucha frecuencia.
La mayoría de estos trastornos tienen tratamiento,
a excepción de la enfermedad de Alzheimer. El
tratamiento comprende medidas farmacológicas,
psicoterapia y terapias de conducta. Es importante resaltar
que el tratamiento debe estar dirigido por una persona
que sea experta en abordar los trastornos psiquiátricos
de individuos con deficiencia mental.
Kishnani y sus colegas en la Universidad de Duke informan
que el uso de donepezilo, un inhibidor de la acetilcolinesterasa,
mejoró "la comunicación, el lenguaje
expresivo, la atención y la estabilidad del humor"
en cuatro adultos de 24, 27, 38 y 64 años. Los
dos pacientes más ancianos cumplían los
criterios diagnósticos de demencia. Este estudio
piloto sugiere que este tratamiento puede ser de gran
valor en adultos con síndrome de Down en general,
así como en los que tienen enfermedad de Alzheimer.
El fármaco fue administrado durante 6 meses sin
que se apreciaran reacciones adversas importantes. Se
está planeando un estudio a larga escala en condiciones
doble-ciego y controlado con placebo.
Terapias no convencionales
y controvertidas ("alternativas")
A lo largo de los años, se han propuesto diversas
formas de terapia, que han sido controvertidas, para
tratar a las personas con síndrome de Down. A
veces se las denomina "terapias alternativas",
queriendo indicar que quedan al margen de la línea
principal de la medicina tradicional. Con frecuencia
las alegaciones que se emplean para respaldar estos
tratamientos son las mismas: que el tratamiento mejorará
la función intelectual, alterará el aspecto
físico o facial, reducirá las infecciones
y, en general, mejorará el bienestar del niño
con síndrome de Down.
Una forma de terapia es la constituida por los suplementos
de carácter nutritivo que incluyen vitaminas,
minerales, aminoácidos, enzimas y hormonas en
proporción diversa. Existen varios estudios científicos
bien controlados que no han podido demostrar beneficio
alguno para las megadosis de vitaminas y minerales.
Los suplementos de cinc o de selenio puede que tengan
algún efecto sobre la función inmunitaria
o la susceptibilidad a las infecciones, pero los estudios
hechos hasta hora no han sido concluyentes. El tratamiento
con "sicca cell" (también llamado terapia
celular) consiste en la inyección de células
fetales animales liofilizadas, y no ha mostrado eficacia
alguna. Tiene además el peligro de inducir reacciones
alérgicas, y el riesgo de transmitir infecciones
por virus lentos.
A lo largo de 1995 se generó gran interés
sobre el uso del piracetam, fármaco considerado
como estimulante cerebral o nootropo. Ha sido ensayado
en adultos con enfermedad de Alzheimer, sin beneficio
alguno. Demostró mejorar las capacidades de lectura
en niños disléxicos. El piracetam no está
aprobado por la FDA para su uso en Estados Unidos, excepto
como fármaco huérfano para el tratamiento
de la mioclonía. En el momento de su popularidad
inicial no se habían publicado estudios científicos
en los que se describiera su utilización en niños
con síndrome de Down. El DSMIG ha expresado su
preocupación sobre su uso en niños pequeños,
ante la falta de datos sobre su seguridad. El primer
estudio cruzado, en condiciones doble-ciego y controlado
con placebo, realizado por Lobaugh y col., fue presentado
en la Reunión Anual de las Pediatric Academic
Societies (San Francisco, 3 de mayo de 1999). Se estudiaron
30 niños con síndrome de Down. No se apreció
mejoría alguna en las pruebas cognitivas y conductuales.
Hubo importantes efectos adversos en el sistema nervioso
central, lo que llevó a los investigadores a
concluir que es poco posible que pudiesen tolerarse
dosis mayores de las empleadas (Véase Bibliografía,
Sección Y, Lobaugh et al.).
La facilitación de la comunicación es
una técnica gracias a la cual la persona conocida
como "facilitadora" atiende a una persona
a la que proporciona apoyo a su mano o a su brazo, para
permitirles la comunicación mediante el uso de
algún tipo de teclado o tablero de comunicación.
Aunque se ha pretendido demostrar su utilidad en personas
con tipos distintos de discapacidades, diversos estudios
cuidadosamente diseñados no han podido comprobar
que sea un tratamiento válido.
Algunos padres eligen incorporar la atención
quiropráctica dentro del espectro de intervenciones
para sus hijos con síndrome de Down. El campo
de acción de los servicios quiroprácticos
ofrecidos a los niños incluye las manipulaciones
musculoesqueléticas, las recomendaciones sobre
suplementos vitamínicos, y los compuestos pretendidamente
útiles para mejorar la función inmunológica.
El abanico de condiciones presuntamente susceptibles
de mejorar con el tratamiento quiropráctico es
amplio e incluye el estreñimiento, el reflujo
gastroesofágico y las infecciones de oído.
Las personas con síndrome de Down tienen laxitud
ligamentosa por lo que tienen mayor riesgo de lesionarse
por la manipulación de la columna cervical. Los
padres deberán tener mucho cuidado cuando consideren
esta forma de tratamiento, especialmente si es promocionado
como alternativa a las vacunaciones, a los antibióticos
para las infecciones, o a la sustitución hormonal
en casos de deficiencia endocrina (hipotiroidismo, por
ejemplo).
Los tratamientos que aquí se mencionan no son
más que unos pocos de los abordajes que se han
ensayado o de los que se ha pretendido que prestaban
algún beneficio a los niños con síndrome
de Down. Hasta ahora, no existe ninguna terapéutica
médica alternativa, científicamente documentada,
que haya supuesto una mejoría importante en el
desarrollo y la salud de estos niños. Recientemente,
los miembros del DSMIG han recibido numerosos informes
anecdóticos sobre modificaciones importantes
y satisfactorias en una amplia variedad de áreas
funcionales (p. ej., tono muscular, sueño, salud
en general, etc.) inducidas por la utilización
de suplementos nutritivos. Estamos valorando cuidadosamente
estos informes para poder formular un plan sensato que
aborde estas cuestiones planteadas por los padres de
niños y adultos con síndrome de Down sobre
el valor de tales suplementos.
La cirugía plástica facial ha sido promovida
en varios países, especialmente Israel, como
medio de modificar algunos de los rasgos físicos
del síndrome de Down. Es un tema particularmente
controvertido cuando se realiza en niños pequeños,
ya que los rasgos faciales sufren cambios naturales
en la adolescencia. Se pretende que con ello los niños
sean mejor aceptados por la sociedad. Éste no
es un tratamiento que esté médicamente
indicado, y la mayoría de los seguros no pagarán
al cirujano u hospital. Se ha promovido también
la cirugía de reducción de la lengua para
mejorar la apariencia estética. Frecuentemente,
la recomendación se basa en el pretexto de mejorar
la inteligibilidad. Varios estudios han demostrado que
este tipo de cirugía no ejerce efecto alguno
sobre las habilidades de lenguaje y comunicación,
ni sobre la articulación de los sonidos. (Véase
Bibliografía, Sección Y).
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