BIOLOGÍA
Definición
Antes de explicar biológicamente lo que es el
síndrome de Down, hemos de destacar que, si bien
los niños, los jóvenes y los adultos con
síndrome de Down pueden tener algunos problemas
similares entre ellos, cada uno es un individuo dotado
de plena dignidad humana, con personalidad y características
distintas y únicas. Cada uno tiene el derecho
a participar en la sociedad con toda la plenitud de
que es capaz. Cada uno tiene el derecho a gozar de una
plena salud, tanto en su vertiente física como
psico-emocional, y por tanto el derecho a recibir los
tratamientos médicos y las intervenciones psico-educativas
que sus necesidades demanden.
El síndrome de Down o trisomía 21 aparece
como una entidad que es el resultado de una anomalía
cromosómica por la que los núcleos de
las células del organismo humano poseen 47 cromosomas
en lugar de 46, perteneciendo el cromosoma excedente
o extra al par 21. Como consecuencia de esta alteración,
existe un fuerte incremento en las copias de los genes
del cromosoma 21, lo que origina una grave perturbación
en el programa de expresión de muy diversos genes,
no sólo los del cromosoma 21 sino los de otros
cromosomas. Este desequilibrio génico ocasiona
modificaciones en el desarrollo y función de
los órganos y sistemas, tanto en las etapas prenatales
como postnatales. Consiguientemente, aparecen anomalías
visibles y diagnosticables; unas son congénitas
y otras pueden aparecer a lo largo de la vida. El sistema
más comúnmente afectado es el sistema
nervioso y dentro de él, el cerebro y cerebelo;
por este motivo, casi de manera constante la persona
con síndrome de Down presenta, en grado variable,
discapacidad intelectual.
Pese a la existencia común y constante de los
tres cromosomas 21, el modo en que se desarrolla la
acción de sus genes – lo que denominamos
su expresión génica – varía
en cada individuo. Por este motivo, el grado de afectación
de los distintos órganos y sistemas es extraordinariamente
variable. Esto hace que el número y la intensidad
de las alteraciones orgánicas propias de cada
persona pueda ser muy diferente. Esta realidad incluye
a la discapacidad intelectual; al ser consecuencia de
la patología cerebral derivada del desequilibrio
en la expresión génica, las variaciones
individuales de esta patología repercutirán
en el grado y la manifestación de la discapacidad
que, por tanto, habrá de ser considerada, evaluada
y tratada de manera individual. Pero como la propia
realidad cerebral y sus consecuencias – la personalidad,
la inteligencia, la capacidad adaptativa – están
fuertemente condicionadas por el influjo ambiental –
educación, nutrición, bienestar –,
y éste es también altamente variado para
cada persona, el resultado final del funcionamiento
vital del individuo con síndrome de Down es una
condición que no es predecible en su inicio y
es altamente influenciable en su desarrollo.
Por otra parte, el desequilibrio génico opera
sobre los órganos de forma altamente independiente.
Esto significa, en primer lugar, que distintos individuos
presentan distintas alteraciones orgánicas; y
en segundo lugar, que la intensidad de la alteración
en un órgano puede ser muy diferente de la que
ocurra en otro órgano. Y aun dentro de un mismo
órgano complejo como es el cerebro, la alteración
puede diferir notablemente de unas áreas y núcleos
a otras. Como ejemplo, el hecho de que el corazón
pueda estar muy afectado no significa que el cerebro
lo haya de estar en el mismo grado; o que rasgos faciales
muy característicos signifiquen grave afectación
del cerebro. Puede ocurrir, sin embargo, que la mala
función de ciertos órganos vitales –
por ejemplo, corazón, tiroides – limitan
la actividad del individuo y condicionen negativamente
el desarrollo del cerebro y de sus funciones.
Incidencia, diagnóstico
y formas de aparición
La incidencia de síndrome de Down es variable
y oscila desde 1 por 660 hasta 1 por 1.000 ó
más nacimientos vivos; esta variabilidad está
siendo fuertemente condicionada por la decisiones que
se toman tras el diagnóstico prenatal en forma
de aborto voluntario. La incidencia es similar en las
diversas etnias pero aumenta en función de la
edad materna: 1:800 (30-34 años), 1:270 (35-39
años), 1:100 (40-44 años), 1:50 (mayores
de 45 años). Sin embargo, la mayoría de
los niños con síndrome de Down nacen de
madres menores de 30 años, por ser la edad en
que suele haber más embarazos.
Aunque existen signos orientativos de síndrome
de Down en el análisis ecográfico realizado
durante el embarazo, el diagnóstico prenatal
definitivo exige la realización de amniocentesis
o de biopsia de las vellosidades coroideas para poder
realizar el cariotipo de células fetales. Si
no ha habido diagnóstico prenatal, el diagnóstico
en el momento del parto se realiza inicialmente sobre
la base de los signos y rasgos físicos, y debe
ser siempre confirmado mediante la realización
del cariotipo. Los principales signos físicos
quedan señalados en la tabla 1.
Trisomía simple. Aproximadamente,
el 95 % de los casos con síndrome de Down presenta
trisomía simple del par 21; esto significa que
todas las células del organismo poseen las 3
copias completas del cromosoma 21. suele deberse al
proceso de no disyunción (no separación)
de los cromosomas homólogos en las células
germinales (el óvulo con mayor frecuencia que
el espermatozoide) en el momento de la meiosis I o meiosis
II. En mujeres de menos de 30 años, el riesgo
de volver a tener un hijo con síndrome de Down
es del 0,5 %; en las mayores de 30 años, el riesgo
viene a ser el que corresponde al grupo de edad.
Translocación. En alrededor
del 3,5 % de los casos con síndrome de Down se
debe a la presencia de una translocación no equilibrada,
generalmente entre los cromosomas 14 y 21. El óvulo
o el espermatozoide aporta un cromosoma 21 completo
más el trozo adherido a otro cromosoma, y la
célula germinal de la pareja aporta un cromosoma
21. En la concepción el resultado final será
la presencia de dos cromosomas 21 más una tercera
porción del 21. Es muy frecuente que el fenotipo
de la persona con SD por translocación tenga
características similares a las de la trisomía
simple porque el trozo translocado suele corresponder
a la porción más distal del cromosoma
en donde se acumulan los genes que más contribuyen
al fenotipo propio del síndrome de Down (región
21q22.2-q22.3). Cuando el cariotipo revela la presencia
de translocación es preciso practicar cariotipos
a los padres para conocer cuál de ellos es el
portador de la translocación. Si lo es la madre,
el riesgo de tener otro hijo con síndrome de
Down es del 12 %; si lo es el padre, el riesgo es del
1,2 %.
Mosaicismo. Aparece en el 1-2 % de
los casos con síndrome de Down. El individuo
presenta dos líneas celulares en su organismo,
una con trisomía 21 completa y la otra normal;
suele deberse a una no disyunción durante las
primeras divisiones celulares post-concepción.
La proporción en que estas dos líneas
se presentan varía mucho de un individuo a otro.
Cuanto mayor sea la proporción de la línea
normal, mayor será la probabilidad de que el
individuo presente menos rasgos propios del síndrome
de Down, de que la discapacidad intelectual sea más
leve, y de que tenga menos complicaciones médicas.
Consideramos de extraordinaria importancia la acción
orientadora y asesora que reciben los padres en el momento
del diagnóstico, sea en la fase prenatal o en
el momento del nacimiento; y no sólo por lo que
atañe a su contenido sino también a la
forma en que se les proporciona. Porque de la información
que reciben y del modo en que se les orienta va a depender
en buena parte el arranque inicial de su acción
como padres; primero para aceptar el hijo sin reservas,
y después para actuar con vigor y decisión
en su acción cuidadora.
Si desea más información sobre la biología
del síndrome de Down, consulte: www.down21.org
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