LA ATENCIÓN
TEMPRANA EN EL SÍNDROME DE DOWN
María Victoria Troncoso
La atención temprana hace referencia al conjunto
de actuaciones que se realizan en cuanto nace un niño
con síndrome de Down. La inicia el equipo médico
y posteriormente intervienen otros profesionales con
el protagonismo fundamental de la familia.
Los objetivos de la atención temprana son:
1) desarrollar al máximo las capacidades del
niño,
2) paliar o disminuir los efectos negativos de la
trisomía,
3) prevenir y evitar la aparición de problemas
secundarios,
4) desarrollar la máxima autonomía,
5) lograr la mejor adaptación posible al medio
en el que se mueve y
6) adquirir conductas adecuadas a la edad y al entorno.
Para conseguir estos objetivos, es indudable que las
actuaciones deben incluir tanto los tratamientos médico-sanitarios
y cuidado de la salud que se precisen, como las intervenciones
psico-educativas, profesionales y familiares.
El primer acto terapéutico, que debe ser realizado
de un modo exquisito, es la comunicación de la
noticia a los padres. Desgraciadamente, con demasiada
frecuencia se realiza de un modo brusco, irrespetuoso
con los sentimientos de los padres, poco delicado en
el fondo y en la forma. Las diferentes investigaciones
muestran que de esos primeros momentos dependerá,
en gran parte, cómo será el “después”.
La información debe darse a ambos padres a la
vez, en un lugar cómodo, de un modo correcto
y respetuoso, con tranquilidad. Los datos deben ser
actuales, inteligibles, precisos, ofreciendo apoyos
y servicios. Después se elegirá el centro
de atención y el programa que mejor se adapte
a las necesidades del niño y de su familia.
Es fundamental destacar que el llamado tratamiento
de estimulación precoz hay que entenderlo y aplicarlo
bien. Aunque es cierto que se centra fundamentalmente
en el desarrollo sensorio-motor del niño (para
ello existen diversos programas publicados), no es la
única ni la más importante de las actuaciones
a realizar.
Actualmente se tiende a actuar de un modo más
completo dada la decisiva importancia que tiene el ambiente
familiar en la evolución del niño.
Los padres son la pieza clave para lograr el máximo
desarrollo de su hijo, su bienestar y su autonomía,
por lo que deben informarse, formarse y ser apoyados.
Como se trata de bebés con síndrome
de Down, es evidente que la alteración cromosómica
conlleva una serie de problemas que pueden ser físicos
o sensoriales (como la cardiopatía, la hipotonía
muscular o las cataratas congénitas), y psíquicos
(como las dificultades de aprendizaje, de memoria, de
comunicación). Todas estas condiciones hay que
atenderlas desde el principio de un modo exquisito.
Actualmente, según diversas investigaciones,
ya no se duda de que la atención temprana realizada
de un modo adecuado produce grandes beneficios tanto
en el niño con síndrome de Down como en
su familia. Los trabajos realizados ofrecen diversidad
de datos que pueden resumirse en los siguientes:
1) los niños estimulados adquieren niveles
de desarrollo más altos que los niños
sin estimular.
2) los niños estimulados adquieren los hitos
del desarrollo a edades más tempranas que los
niños de los grupos control.
3) a lo largo de los años, los niños
estimulados mantienen un nivel más alto y estable
en su cociente de desarrollo o coeficiente intelectual,
sufriendo un declive mucho menor que en el caso de
los niños sin estimular.
También se han destacado otros efectos positivos
a medio plazo como los referidos a una mejor salud,
conductas adecuadas y adaptadas, y buenos niveles de
independencia personal.
Sin embargo es difícil demostrar los efectos
de la atención temprana a largo plazo, dada la
gran cantidad de variables que influyen durante el transcurso
de los años. A pesar de ello, se observa con
frecuencia que los jóvenes que tienen buenos
niveles de autonomía personal, habilidades sociales
y una personalidad armónica, tienen unos padres
que participaron en programas en los que se evitó
el alto costo personal y económico y un desgaste
familiar. Se favoreció, por el contrario, un
ambiente familiar natural, sin grandes cambios ni exigencias,
relajado, con actuaciones fundamentales bien realizadas.
Estas observaciones y datos de la experiencia, deben
ser para todos nosotros una llamada de atención
para que la variable ambiente, que juega un papel decisivo
en la vida de cualquier niño, y en la que podemos
influir, sea la mejor de las posibles para que pueda
compensar al máximo la variable genética
en la que todavía no podemos intervenir.
Actualmente, basándonos en nuestra larga experiencia
y en el conocimiento de la evolución longitudinal
de muchas personas con síndrome de Down, proponemos
y defendemos que el concepto de atención temprana
y una serie de actuaciones que de ello se derivan, se
aplique también en etapas posteriores de la vida.
Los objetivos son los mismos que se señalaban
al comienzo de este artículo, pero deben ser
aplicados de un modo específico según
los diferentes momentos evolutivos.
Es preciso tener la capacidad de anticipar y prever
qué necesidades tendrá ese niño
con síndrome de Down cuando vaya a entrar en
la escuela, o cuando se acerque la adolescencia o cuando
entre en la juventud o envejezca.
Como ejemplo de actuaciones propias en este sentido
podemos señalar un abanico tan amplio como el
del conocimiento propio y aceptación personal,
la adecuada educación en habilidades sociales
y de comunicación, el aprendizaje del cuidado
de la propia salud y de la sexualidad, el desarrollo
de aficiones, la práctica deportiva, y un largo
etcétera.
Conviene prever, anticiparse y actuar antes de que
sea tarde para adquirir determinados conocimientos y
habilidades, evitando así que aparezcan problemas
y conductas inadecuadas.
Como vamos comprobando estos últimos años,
la atención temprana entendida en sentido amplio,
debe ser aplicada con coherencia, constancia y sentido
común a lo largo de toda la vida. Es garantía
de éxito en el bienestar y desarrollo integral
de las personas con síndrome de Down.
Recomendaciones para
las familias
1.
Disfruten con su hijo. Si es necesario, pidan ayuda,
relájense, cuídense, paseen… para
estar descansados y serenos.
2. Jueguen a diario con su hijo. Tomen la iniciativa,
mantengan la ilusión, muestren alegría,
aunque el niño responda poco.
3. Inventen y preparen situaciones de participación
lúdica con otros miembros de la familia con
juegos de mesa, canciones, juegos de balón,
al escondite, y otros.
4. Aprovechen las situaciones cotidianas para que
su hijo se sienta útil, miembro activo de la
familia, con quien se cuenta y participa en tareas
y responsabilidades.
5. Procure aplicar en el hogar, dentro de las actividades
naturales, los aprendizajes de las sesiones de atención
temprana, de modo que el niño los consolide
y sean útiles para él.
6. No comparen nunca a su hijo con otros niños,
tengan o no síndrome de Down, pero estén
muy atentos, y descubran y disfruten cada uno de sus
progresos, por pequeños que sean.
7. Respeten las características propias e individuales
de su hijo, frenando la ansiedad o las esperanzas
de “hacerle normal”, o de que llegue a
ser tal y como ustedes creen que debe ser.
8. Procuren que su hijo no supere las cinco horas
diarias de “trabajo”, incluyendo la escuela,
las sesiones de atención temprana, otras actividades
y el transporte.
9. Estén atentos y comprueben cómo está
el niño en la escuela y en otros ámbitos.
¡Ojo con una sobrecarga de estímulos
que pueden provocar retraimiento, aislamiento, agresividad,
conductas inadecuadas, etc.!
10. Diariamente dedíquenle cinco minutos para
ver o “leer” juntos un cuento.
SIEMPRE: PACIENCIA ACTIVA Y
BUEN HUMOR
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