EDUCACIÓN
¿Para qué educamos a nuestros hijos?
Para que lleguen a ser personas en plenitud: receptoras
y transmisoras de valores. Lo mismo sirve para nuestro
hijo con síndrome de Down. Los padres suelen
decir de su hijo con discapacidad: “Lo que quiero
es que mi hijo sea feliz y se valga por sí mismo”.
Pues bien, esta afirmación complementa y pone
en práctica los objetivos señalados anteriormente,
porque esa “felicidad” tiene mucho que ver
con “llenarse” para dar a los demás:
recepción y transmisión o donación
de valores. “Valerse por sí mismo”
hace referencia explícita a la autonomía
personal, y ese va a ser el objetivo último de
toda la labor educativa.
La realidad actual es muy positiva, porque la acción
educativa que se ha ido desarrollando a lo largo de
las últimas décadas ha conseguido que
una gran proporción de jóvenes con síndrome
de Down estén alcanzando niveles crecientes de
autonomía en su vida laboral y social.
Para que los niños y jóvenes con síndrome
de Down logren esa autonomía es imprescindible
que desde el principio, desde que empiezan los programas
de atención temprana, los educadores (padres
y profesionales) tengan en cuenta que cada objetivo
planteado, incluso cada pequeña tarea o paso
intermedio que se elija, habrá de ir encaminado
a conseguir pasos sucesivos de autonomía creciente
y responsable. También será preciso eliminar
todo aquello que no sirva para nada o para casi nada.
Habremos de eliminar tareas inútiles que se practican
por rutina; habremos de marcarnos objetivos que sean
relevantes, que no sean vagos o imprecisos sino muy
concretos y prácticos.
Está claro que tenemos por delante una tarea
educativa que lleva mucho tiempo y esfuerzo. Los diferentes
aspectos de esta tarea son de gran variedad. Está
claro también que disponemos de un tiempo limitado
para conseguir muchas cosas. Ello es motivo más
que suficiente para que seamos muy cuidadosos al elegir
los objetivos,, los aprendizajes, los contenidos y las
tareas. Porque detrás de cada persona con síndrome
de Down que ha evolucionado bien y que ha conseguido
un buen nivel de autonomía, hay siempre mucho
trabajo y dedicación por parte de quienes le
han ayudado, y de ella misma.
Cada etapa tiene sus propias características:
la atención temprana y la etapa preescolar, la
etapa escolar con sus aprendizajes académicos
(lectura y escritura, área de experiencias naturales
y sociales, área del cálculo, área
del lenguaje), el deporte y la educación física,
la formación religiosa (si en la familia se vive
esa realidad), las habilidades sociales y los hábitos
de la vida diaria, la preparación laboral. Afortunadamente,
disponemos actualmente de abundante material en revistas,
libros y portales de internet especializados en síndrome
de Down, que ofrecen información rigurosa y contrastada
para padres y profesionales en cada una de estas áreas.
A continuación ofrecemos una visión resumida
sobre los planteamientos más actualizados en
estos distintos aspectos de la educación educativa
en las primeras etapas de las personas con síndrome
de Down.
Atención
temprana en el síndrome de Down: principios
generales y papel de la familia.
Atención
temprana: Desarrollo motor en los niños con síndrome
de Down.
Atención
temprana: Desarrollo del lenguaje en niños de
0 a 3 años con síndrome de Down.
Síndrome
de Down: Educación.
Programación
educativa para alumnos con síndrome de Down.
La comunicación
y el lenguaje en los niños con síndrome
de Down.
Método de lectura y
escritura para alumnos con síndrome de Down.
El cálculo.
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